Intervención del Ministro del Trabajo ante la 95° Reunión de la CIT
 RICARDO DORADO CANO-MANUEL
MINISTRO DEL TRABAJO
Misión Permanente de la República Bolivariana de Venezuela

Ginebra, 08 de junio de 2006
Señores Presidente y Vicepresidentes.

Permítanme saludarles y felicitarles por sus acertadas elecciones.

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela considera valioso el informe del Director General, a quien le correspondió situar la experiencia y conocimientos de la OIT en la actual perspectiva global, de cara al trabajo digno y decente.

Para el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela resulta necesario destacar que, para alcanzar trabajos y empleos decentes, es fundamental primero lograr empresas decentes; lo que implica un cambio en el actual modelo de cosas, en el actual esquema de producción y de intercambio que impone el modelo capitalista. Se trata, pues, de superar la lógica de la acumulación del capital y de la renta sobre el trabajo, a la que oponemos los valores de la justicia y la solidaridad tanto alrededor del trabajo que se produce o se presta, como en la distribución justa y equitativa de los ingresos que generan los trabajadores y trabajadoras.

En otras palabras, para que exista trabajo decente, debe existir un mundo decente, fundado en otros valores y principios, donde los derechos humanos sean la premisa sobre la cual se cimiente el modelo económico y social, particularmente los derechos laborales y sindicales. Hablamos de colocar a los pueblos y su agenda de necesidades en lugar privilegiado frente a la lógica de la ganancia a cualquier costa.

Así pues, con ocasión del informe del Director General sobre la superación y la erradicación de las políticas de flexibilización, desregulación y precarización del empleo, en el marco de la reciente Reunión Regional Americana, indicamos que “lo descrito por el Director General representaba una muestra evidente de la contradicción neoliberal entre el crecimiento económico y el derecho al desarrollo que tienen los pueblos.

Tales políticas fueron justificadas con el argumento, entre otros, que constituían la garantía de crecimiento para economías de exportación, destinadas al intercambio global, pero al mismo tiempo fueron implantadas –en forma inconsulta- sin tomar en consideración sus consecuencias en el plano laboral y social, con prescindencia de la satisfacción de las necesidades básicas de los pueblos que las producían, bajo criterios de competitividad y la rentabilidad absoluta del capital.
En este contexto se dio prioridad a lo privado en desmedro de lo público, llegándose a la privatización y a la desnacionalización de las materias primas y de servicios públicos esenciales.

Sr. Presidente, los elementos incorporados en la presente memoria, sobre crear un marco institucional para los mercados laborales que permita a la gente que trabaja tomar este cambio como una oportunidad y no como un riesgo o una amenaza, nos debe llevar a la realidad de que esto será posible si el Estado asume la regulación y la administración de los recursos fundamentales, cumpliendo su rol de dar bienestar a las mayorías, con buenos servicios públicos, políticas de incrementos de salarios, ampliación de la seguridad social, esto es, asegurando que los excedentes financieros sean destinados, al menos, a cumplir las metas del milenio. Citando al Director General: “El dilema no es cómo el Estado interviene en el mercado, sino cómo opera en relación con la sociedad de la que es sus expresión directa”. Se trata, pues, de superar modelos de desarrollo exógenos impuestos por la globalización y divorciados de las mayorías, los cuales se colocaron en contradicción con modelos de desarrollos endógenos, que priorizan la satisfacción de las necesidades de quienes habitan dichas localidades. Hablamos de un modelo de desarrollo democrático que garantice la igualdad de condiciones, como requisito previo a la igualdad de oportunidades, como forma de superación de la pobreza, las injusticias y desigualdades.

Para superar la crisis del empleo, también resulta fundamental que los gobiernos impulsen políticas activas que incluyan a los desempleados estructurales, facilitando su formación para el trabajo, permitiendo incrementar sus competencias y capacidades, así como su organización productiva. Hacia allá el gobierno del Presidente Hugo Chávez, en el marco de la Revolución Bolivariana, dirige con urgencia los excedentes financieros obtenidos tras la recuperación de la administración sobre recursos naturales y materias primas fundamentales. Se trata de recuperar el tiempo perdido de los ochenta y noventa, adelantando hoy políticas que tenga como sujetos activos a los trabajadores y a las trabajadoras, tanto formales como informales, y no solamente el establecimiento de incentivos a los sectores productivos tradicionales, tales como desgravámenes, subsidios a la seguridad social, planes e incentivos al empleo al viejo estilo.

En este esfuerzo, se toman en cuenta a los sectores de las micros y pequeñas empresas, así como a las cooperativas, siempre que éstas últimas sean reflejo del esfuerzo autogestionario y de emancipación de los trabajadores y las trabajadoras, incluidas las experiencias de recuperación de empresas por éstos y éstas.

Al mismo tiempo, el Gobierno del Presidente Chávez está consciente de que debemos profundizar los procesos de integración e intercambio que se adelantan, basados en los principios de complementariedad, solidaridad, cooperación y respeto a la soberanía; que tenga como objeto la satisfacción de las necesidades inmediatas de la población, sobre la base de nuevos mecanismos de intercambio, que reconozcan las asimetrías entre nuestros países y las particularidades de cada uno de ellos. Un proceso de intercambio comercial divorciado de tales principios nos conduciría a las consecuencias nefastas de las políticas de la década de los años 80 y parte de los 90, lo cual nos alejaría aún más de poder alcanzar las Metas del Milenio y brindar puestos de trabajo dignos y de calidad.

Señor Presidente, ha llegado un tiempo donde los pueblos claman porque las peticiones de justicia y dignidad alrededor del trabajo sean satisfechas. En la República Bolivariana de Venezuela un gobierno y un pueblo unidos avanzan democráticamente sobre la base de que es posible la existencia de otro mundo, superando las limitaciones del capitalismo, abriendo cauce a lo que hemos llamado el socialismo del siglo XXI.

Gracias, Señor Presidente.