|
Ginebra, 19 de Junio de 2007
Intervención del
Embajador
Gabriel
Salazar-Pineda, Representante Permanente Alterno,
Ante La 5° Sesión
Ordinaria Del Consejo De Derechos
Humanos
Tema
2: Aplicación de La Resolución 60/251 De La Asamblea General,
de 15 De Marzo De 2006,
Titulada "Consejo de Derechos Humanos"
Informe de la Representante Personal
De la Alta
Comisionada para los Derechos Humanos sobre la situación de los
Derechos Humanos en Cuba, Señora Christine Chanet
Señor
Presidente:
Formalmente en el día de hoy discutimos el
informe de la
Representante Especial de la Alta Comisionada la República Bolivariana de Venezuela no es comparsa
en este hipócrita espectáculo. Hablaremos entonces del mandato (y en
consecuencia del triste papel de la detentora del mismo). No pretendemos hacer
en esta intervención preguntas a la señora Representante Especial. No, a
continuación denunciaremos el carácter sesgado, politizado e intervencionista
del mandato en relación a Cuba y el triste papel que lamentablemente ha
cumplido la
Representante Especial.
sobre la situación de los derechos humanos en Cuba. Mi Delegación no se verá
amarrada por la formalidad,
Ahora bien, alguno se preguntará cómo es
posible que optemos por esta perspectiva para nuestra declaración. Pues
respondemos: la situación en la que nos encontramos no ocurre en el vacío.
Hemos llegado hasta aquí después del largo camino lleno de errores de la
antigua Comisión de Derechos Humanos. Hoy hablamos sobre este mandato, con la
responsabilidad histórica que nos dio la Asamblea General
en su resolución 60/251 que creó a este nuevo Consejo de Derechos Humanos y
ordenó revisar y racionalizar los mandatos de los procedimientos especiales. En
este contexto, cómo lidiemos con el mandato en torno a Cuba servirá de baremo
del éxito de este Consejo para garantizar la protección y la defensa de los
derechos humanos bajo los principios de universalidad, indivisibilidad,
cooperación internacional, sin dobles raseros y desterrando la politización.
La Comisión de Derechos Humanos se convirtió en
determinado momento de su historia y a la sombra del devenir geopolítico
mundial, en un tribunal inquisidor e interventor contra los países en
desarrollo. El objetivo era amedrentar a aquellos que osaran emprender caminos
alternos a los modelos de desarrollo político y social promovido por el bloque
hegemónico, la potencia imperial dominante y sus ayudantes colonialistas
venidos a menos. La pretensión de modelos universales para ser impuestos a los
países del Sur no descansa en un interés de defensa de una corriente
intelectual e ideológica particular, descansa también en intereses
geoeconómicos y geopolíticos. Cuba se atrevió a dar el mal ejemplo, a desacatar
la imposición, es por eso que estamos aquí, desde hace 14 años se le trajo
aquí, y hace 6 se invento esto de la Representante Especial.
Todo ello, de principio a fin, y en toda su historia bajo presión política,
chantaje económico y manipulación mediática.
Las circunstancias que crearon este mandato
no pueden estar más claros, a saber: un sistema internacional de derechos
humanos sujeto a una profunda manipulación política por parte de la potencia
imperial con fines de control total mundial.
El mandato sobre Cuba no es más que un mecanismo que pretende la utilización
del ámbito multilateral como espacio continúo de la política de agresión y
hostilidad del gobierno de los Estados Unidos hacia el gobierno de Cuba, su
pueblo y su Revolución. Los fundamentos y las premisas de las que parte la Representante Especial
son las mismas que sustentan la imposición de modelos y patrones que son
consustanciales a la política de dominación imperial. Nada cercano a una
genuina cooperación internacional para la promoción de los derechos humanos.
No podemos pasar por alto la paradoja de que
es justamente el mayor violador de los derechos humanos en el mundo, el que
pisotea el derecho internacional, el protector de terroristas (acuérdense del
terrorista internacional Posada Carriles que se halla caminando por las calles
de Miami gracias a la inacción del gobierno de ese país), el que tiene
prisioneros anónimos, el que ejecuta desapariciones forzosas y detenciones
arbitrarias, el que organiza centros de tortura y vuelos secretos (llenos de
complicidad occidental); el actor intelectual y el músculo imperial de la
maniobra anticubana. Este mandato es la extensión de la política criminal de
bloqueo en contra del pueblo cubano.
Antes de terminar, quisiera declarar que la República Bolivariana
de Venezuela espera de este primer año de funcionamiento y construcción
institucional del Consejo de Derechos Humanos concluya con la eliminación de
los mandatos por países, y en particular, el mandato anticubano que discutimos.
Durante casi 20 años todas las resoluciones de países eran propuestas por los
países desarrollados, apuntando a situaciones de los derechos humanos en los
países en desarrollo. Es hora de tratar con la honestidad que la humanidad se
merece, sin politización y dobles raseros la defensa, promoción y protección de
los derechos humanos.
Muchas Gracias, señor Presidente.
|