Señor Presidente, queremos asociarnos al discurso de Brasil en nombre del G20. Al igual que otras representaciones que nos han precedido en el uso de la palabra, le agradecemos el informe expuesto sobre los resultados de las consultas que se han celebrado en la presente semana y también agradecemos a los Presidentes de los Comités de Negociaciones por la presentación que han hecho de sus informes. En el marco del Ejercicio de Evaluación, así como de su programa de trabajo sugerido para continuar las discusiones. Sobre esto último, nos permitimos realizar algunas observaciones:
En primer lugar, reconocemos la tenacidad y esfuerzos por intentar llevar a buen puerto esta negociación, no obstante, es evidente que las condiciones no están dadas para ello, ya que la actual coyuntura económica mundial se superpone a los buenos deseos por concluir la Ronda.
Estimamos que su balance y hoja de ruta son optimistas y reiteramos nuestro agradecimiento por la información. Sr. Lamy, aprovecho para felicitarle, pues en sus discursos ha hablado en las últimas semanas en esta casa a menudo de multilateralismo, de diálogo, de desarrollo, de consultas horizontales en su activa participación con los Grupos Regionales y creemos que es oportuno reconocerle estas demostraciones, estas practicas, que muchos países en desarrollo hemos solicitado reiteradamente.
Espero que estos cambios sean una práctica continua en el futuro y no el producto coyuntural de las dificultades circunstanciales que vive la institución. Le reitero mí respeto por su tenacidad y el esfuerzo por salvar la Ronda.
Sin embargo nosotros tenemos una visión crítica a la hora del balance o presentaciones de un plan y creo que es necesario señalar dónde han estado nuestros errores desde el 2008 hasta hoy. Considero que nos hemos equivocado en la caracterización de la crisis como proceso. Nuestro comportamiento se ha impregnado de un optimismo desmesurado y mucho egocentrismo institucional.
1) El optimismo estuvo marcado por considerar que la crisis era pasajera y que la Ronda podía evitar la crisis, era un antídoto contra esta. También se pensó que la ronda podía amainar los efectos de la crisis.
2) El egocentrismo estuvo en creer que el mundo tenía los ojos puestos en la Ronda de Doha y en la OMC, siendo que después de la crisis, esto dejó de ser prioritario para el mundo y ha desaparecido casi totalmente de los medios.
3) Se sobrevaloró egocéntrica y optimistamente, los formales y bienintencionados llamados a concluir la Ronda, que en permanentes intervenciones se hacían en el G20, G8, Davos y otros escenarios, fueron cumplidos y fueron el resultado de la labor de un eficiente lobbysta.
4) El optimismo nos hacía ver brotes verdes en la economía cuando el comercio mundial disminuyó más de un 12% como promedio general, llegando a más del 20/ en algunos países en desarrollo.
Señor Lamy, sobre las dificultades externas y el entorno político económico, soy un convencido que los problemas estructurales de la economía cuando no se les brinda una solución estructural no se resuelven, se transforman. En el caso de la crisis financiera, hemos visto como la solución que se le dio, la ha transformado en una crisis de la economía real, en una crisis de empleo y como ahora amenaza la estabilidad, como una crisis de endeudamiento, entre precisamente los países que más abusaron precisamente de los subsidios eufemísticamente llamados estímulos.
Me pregunto: ¿estarán los líderes políticos del mundo interesados en privilegiar la Ronda de Doha, con su carga de incertidumbre o concretar todos sus esfuerzos en resolver la crisis de endeudamiento que amenaza la estabilidad y el valor de las monedas?
Considero que la respuesta estará cargada de incertidumbre, pesimismo y frustración, que se produce por la infructuosa actividad del 2009 y las perspectivas no prometedoras del 2010 para concluir la Ronda.
Creo que es tiempo de reflexionar, es tiempo de despojarnos del optimismo que disfraza a la realidad. Es tiempo de olvidarnos que la Ronda va a resolver la crisis. Que todos están pendientes de nosotros. Que la Ronda tiene soluciones para todos. A los países en desarrollo los convertirá en países desarrollados y a los desarrollados les garantizará la eternidad de su nivel.
Debemos hacer una reflexión crítica de lo que hemos hecho, con mucha constricción, reconocer los desaciertos y establecer metas posibles. La situación actual es que la crisis no solo afectó las metas del Desarrollo del Milenio, también se llevó parte importante del comercio internacional y yo diría que le disminuyó la credibilidad a la OMC, que constantemente había fijado la conclusión de la Ronda sin lograr sus objetivos.
Sin ánimo de dramatizar, muchos analistas de la prensa comparan a la OMC con la Conferencia de Desarme. Se afirma a menudo que la Ronda agoniza, que está muerta o algo muy de moda, que es un zombie que se levanta ocasionalmente.
La crisis lesionó a la OMC y dejó herida a la Ronda de Doha. Como se infiere, no soy optimista con respecto al futuro de la Ronda porque no se observan progresos sustantivos relevantes.
Ahora se presenta un plan, sobre el cual tengo dudas, donde se privilegia lo técnico.
No es un problema técnico sino político. Considero que el plan de trabajo está signado por el voluntarismo y por las buenas intenciones, por lo que tengo dudas sobre su resultado. Tendrá que resolverse lo político y luego lo técnico avanzará.
Sin ánimo de descalificar el plan de trabajo, debo decir, es más de lo mismo y no nos sacará del letargo. Se afirma con sobrada razón que falta decisión política, ¿de quién?, ¿esa decisión política se obtendrá con el plan de trabajo?. ¿Qué habrá que hacer para lograrlo?
Estimo que nos falta algo de sinceridad y creo que estamos prisioneros de temores y no tenemos la valentía de decir las verdades que nos lleven a un análisis certero y a conclusiones exactas.
Creo que se aproxima la hora de las verdades y recuerdo en tiempos de semana santa para los cristianos al Evangelio y a San Juan cuando decía: “la verdad nos hará libres”
Muchas Gracias