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Ginebra, 10 de junio de 2008 Discurso del ciudadano Ministro del Poder Popular para el Trabajo y Seguridad Social, Roberto Hernández Wohnsiedler, ante la 97º Asamblea Internacional de la OIT Sr. Presidente.
Sr Director General. Sres Ministros. Sres Delegados. Sres Consejeros Técnicos. Señores y Señoras. Reciban un caluroso saludo del gobierno venezolano. Representamos un pueblo que, salvo el lapso de la Guerra de Independencia contra el imperio español, ha estado sometido a la opresión de las grandes potencias. Una paradoja caracteriza nuestra historia: dotados por la naturaleza de inmensos recursos, la pobreza extrema alcanzó cifras elevadas. Nuestros recursos naturales y la plusvalía que generan nuestros trabajadores han sido fuente de riquezas de las naciones mas poderosas y, correlativamente, de descapitalización y empobrecimiento del pueblo venezolano. Esta situación es similar a la de los países que constituye de los países llamados del Tercer Mundo. La transformación de esta realidad es el desafío que tenemos planteado los venezolanos. De acuerdo con la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la educación y el trabajo son los medios para alcanzar los fines supremos del Estado. El desarrollo independiente de la nación es inconcebible sin la emancipación de los trabajadores. Por eso, la unidad sindical es condición de nuestro desarrollo. El bloque histórico de clases sociales capaz de acometer el desarrollo acelerado de Venezuela, constituido por la clase obrera, el campesinado, las capas medias y sectores de la burguesía, exige de la clase obrera papel protagónico y principal. A ellos, que constituyen la casi totalidad de la población, está dirigida la acción del Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela. El pago de la deuda laboral, el aumento anual de los salarios, la atención médica a millones de personas hasta los más apartados rincones del territorio, planes educacionales desde el preescolar hasta estudios universitarios gratuitos, la implementación de planes de vivienda, la ampliación de la seguridad social y el otorgamiento de pensiones de vejez o por discapacidad a un universo cada día mayor, son hechos que dan cuenta de los programas que hemos iniciado. En el lapso de un año enseñamos a leer y a escribir a millón y medio de personas y Venezuela fue declarada por la UNESCO “Territorio Libre de analfabetismo” el año 2005, la pobreza extrema fue reducida del 20 al 9.4 por ciento de la población el año 2007 y hemos superado la meta del milenio del 12.15 por ciento para el 2005. Se han aportado significativos recursos financieros y técnicos a los campesinos e impulsado su organización en cooperativas. El propósito es igualar las condiciones de vida de la ciudad y el campo. Hemos procedido a la nacionalización de las acciones de la Siderúrgica del Orinoco (SIDOR C.A), en manos de una empresa trasnacional por la violación constante de los derechos de los trabajadores y se ha firmado el convenio colectivo más beneficioso en toda la historia de la empresa. Esta política ha enfrentado la resistencia del imperio norteamericano, principal expoliador de nuestras riquezas. En poco más de nueve años hemos padecido golpes de estado, sabotaje petrolero, paro patronal, amenazas de magnicidio, declaraciones públicas de altos funcionarios del gobierno norteamericano, el presidente Bush entre ellos, contra el Presidente Chávez e intentos de provocar la condena de organismos internacionales. Todas estas actividades han resultado inútiles porque un poderoso movimiento popular, incluida la Fuerza Armada, ha impedido los planes subversivos. Hemos contado con la solidaridad de los pueblos del mundo, especialmente de los trabajadores, que ya no aceptan las imposiciones del imperio más poderoso de la historia. Venezuela impulsa con decisión la integración de los países latinoamericanos y del Caribe, que tiene como premisa básica la integración de carácter social de los trabajadores. La crisis alimentaria y ambiental debemos acometerla conjuntamente. Tenemos relaciones con todos los países y damos prioridad a los pueblos del Tercer Mundo. El intercambio desigual entre naciones, la explotación de unas clases sociales por otras, la discriminación racial y de género, y la explotación del campo por la ciudad deben cesar. Definimos la Revolución Bolivariana como una revolución de liberación nacional en transición al socialismo. Nuestra revolución se caracteriza por la más amplia democracia y un clima de plenas libertades. Ningún medio de comunicación ha sido censurado o clausurado, ningún partido político ha sido perseguido, ningún sindicato ha visto impedida su formación o funcionamiento y, a pesar de los actos destinados al derrocamiento del gobierno, se ha decretado una amnistía para los indiciados que se encuentran a Derecho en los juicios seguidos por los tribunales de la República. Propusimos una reforma de la actual Constitución vigente para eliminar cualquier duda que pudiese interpretarse como violatoria del Convenio 87 de la OIT. El referéndum del 2 de diciembre de 2007 negó esta reforma. No obstante el Consejo Nacional Electoral ha aprobado un Reglamento Electoral para los organismos sindicales que impide cualquier posibilidad de interferencia. La Revolución Bolivariana está guiada por los valores milenarios de la civilización: la verdad, la justicia, la libertad, la igualdad y la solidaridad. Estamos decididos a llevar a cabo, por métodos democráticos, las transformaciones que surgen del fondo de nuestra historia e inspirados en el ejemplo y el pensamiento de nuestro Libertador Simón Bolívar. Muchas gracias.
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