Ginebra, Suiza, 19 de Julio de 2007.
Durante la Conferencia Internacional sobre el Financiamiento para el Desarrollo, los países participantes asumieron la responsabilidad primordial y compartida del desarrollo. Desde aquel entonces, mucho se ha debatido sobre la financiación del desarrollo para alcanzar los objetivos de desarrollo convenidos internacionalmente, incluidos los Objetivos de Desarrollo del Milenio. A pesar de los esfuerzos para lograrlo, los pronósticos indican que de seguir las tendencias mundiales, el planeta avanza hacia un lamentable y estrepitoso fracaso global en la lucha contra la pobreza.
Bajo un modelo de crecimiento económico global, con la distribución regresiva del ingreso por países se ha incrementado la diferencia abismal, que ya existía, entre países y al interior de cada uno de ellos. Las políticas de reformas macroeconómicas, la liberalización del comercio, las regulaciones abiertas a las inversiones y las políticas fiscales impuestas por el neoliberalismo durante los últimos años, han contribuido a acentuar y agravar la disparidad en las condiciones sociales y económicas entre los países desarrollados y los países en desarrollo. Esto exige un enfoque sincero de la situación y apreciar con realismo la necesidad de evaluar el contenido y el rumbo y los resultados de las estrategias globales diseñadas para erradicar la pobreza. Habiéndose cumplido la mitad del período de cara al año 2015, varios son los problemas que aún persisten en aras de lograr los Objetivos del Milenio.
La persistencia de la Deuda Externa sigue actuando de manera perniciosa, sobre las economías y las finanzas de los países del Sur, profundizando las desigualdades en la distribución de los bienes. Se trata de un grave e insostenible obstáculo para el desarrollo humano de los países más pobres del mundo. Por el contrario, el flujo neto de capitales en crecimiento exponencial desde los países deudores hacia los países acreedores, ha servido para financiar el consumismo, la seguridad social y la bonanza de estos países, acrecentando las dificultades en la disponibilidad financiera de los países en desarrollo.
No obstante esto, que ha sido estudiado y expresado por múltiples actores de la Comunidad Internacional, sólo ha dado lugar a respuestas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, dirigidas, fundamentalmente, a asegurar el pago de la Deuda Externa por parte de los países pobres, haciendo caso omiso del impacto que esas políticas producen en la población de dichos países. El problema de la Deuda Externa debe ser enfocado desde una perspectiva que asegure la viabilidad de las sociedades a las cuales está afectando, haciendo posible el éxito de sus propósitos y planes de desarrollo.
En su condición de nación en desarrollo, la República Bolivariana de Venezuela considera que las estrategias de desarrollo acordadas en el ámbito multilateral deben ser compatibles y acompasadas con las necesidades, peculiaridades, recursos, posibilidades y contar con el consenso colectivo de cada país. Para ello la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) no debe estar sujeta a criterios evaluativos y condicionalidades por parte de los países desarrollados o de las instituciones multilaterales financieras, interfiriendo en la autodeterminación de los pueblos, su forma de Estados, sistema de gobierno, rumbo de su economía y destino socio-cultural. En materia de ayuda al desarrollo, se requiere de manera urgente, de un incremento sostenido y previsible, de la ayuda oficial al desarrollo, así como del cumplimiento del compromiso permanentemente postergado de los países desarrollados de asignar el 0,7% de sus respectivos PIB en la ayuda oficial para el desarrollo.
Las metas de desarrollo, incluidos los Objetivos de Desarrollo del Milenio, solamente podrán cumplirse si se logra un cambio real en el intercambio comercial internacional y sus postulados y una verdadera voluntad de los gobiernos en la reducción de la pobreza. Los compromisos que se adoptaron en Doha y Monterrey deben conducir a un sistema mundial de comercio que beneficie a los países en desarrollo. Es imprescindible establecer un nuevo orden mundial que de respuesta a los nuevos desafíos de este Milenio y que corrija las desigualdades existentes entre el mundo en desarrollo y los países desarrollados.
La jornada que estamos concluyendo ha evidenciado la necesidad de interrogarse sobre la verdadera voluntad de la Comunidad Internacional para avanzar en la consolidación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. La mutua responsabilidad del desarrollo debe avanzar con paso firme para responder a las necesidades de los pueblos empobrecidos del planeta. En esa tarea, Venezuela, reafirma su voluntad cooperante y solidaria y de respeto a la autodeterminación de los pueblos, a fin de atender, con fuerza y determinación, a sus necesidades más apremiantes.